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No tengo otro amante, que un periodo de primavera,
La fragancia de sus flores, para perfumar mis caderas,
Mis venas se dilatan, como una flor recién abierta,
Y el sol del amanecer, calienta toda mi atmósfera.
No tengo otro amante, que los meses de verano,
Las flores aparecen y adorno mi habitación con un ramo,
El sol calienta a fondo, para mi rostro claro broncearlo,
Y cuando una lluvia fina cae, un día de calor sofocado.
No tengo otro amante, que los días menguados del otoño,
Que las hojas amarillean y casi desnudan los árboles,
Que los días son grises y mucho más monótonos,
Y espero impaciente, por ver si un nuevo sol sale,
Como se espera a un amante, mirando tras los cristales.
No tengo otro amante, que los días lánguidos de invierno,
Que la nieve la hierba y los campos están durmiendo,
Silenciosos para no despertar las marmotas de su sueño,
Árboles decorados, vestidos de novia de blanco inmaculado,
Y sueño, que soy un pájaro y vuelo sobre un cielo azulado.
No tengo otro amante, que el silencio de mis noches,
Una fuente de agua amarga llamada lágrimas de mis llantos,
Gota a gota, resbalando por mis mejillas por injustos regaños,
Agua amarga de desespero de ver como van pasando los años,
Y mi destino será hasta el final, penas, soledad y desengaños.
No tengo otro amante, que mi pluma y mi ordenador,
Que me hacen olvidar mi esclavitud y mi monótona situación,
Mi falta de libertad y la estrechez de mi corazón,
Y la tortura de estar el resto de mi existencia en un sillón.
Paquita
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