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BRISAS Y RUIDOS ESTRAÑOS
Me desperté esa mañana en la alborada,
Mi almohada de sudor casi empapada,
Las sabanas revueltas y arrugadas,
Oía como una voz muy lejana,
Parecía como si alguien me llamara,
Puse mucha atención y escuchaba.
Oía de lejos un ruido que me inquietaba,
Como si los cristales de mi ventana temblaran,
Salí precipitadamente de mi cama;
Abrí de par en par mi ventana,
Era un día de primavera y el sol se asomaba
Oí un gato errante que en celos maullaba,
Un perro extraviado que de lejos ladraba,
Un ruiseñor en una rama que alegre cantaba,
Un borriquito muy enfadado que rebuznaba,
Un gallo que con su gallina se peleaba,
Las flores silvestres de placer gozaban
Se abrían sus hojas, el rocío bañaba sus ramas,
Esa mezcla de maravillas; mi mente la enturbiaba.
Volví a observar una vez más por la ventana,
En un arroyo del campo una rana croaba;
Unas lágrimas amargas por mi rostro resbalaban;
Y una dulce brisa suavemente me acariciaba,
Mis ojos húmedos cariñosamente los secaba,
Dándole vivacidad y frescura a mi pálida cara,
¡Y me dejó tan calma y tan entusiasmada!
Esa brisa que en mi, sentimientos despertaba,
Unas ganas de volar por los aires me daban.
Mis pensamientos poco a poco los enredaban
Su susurro primaveral atentamente lo escuchaba,
Viento que indudablemente a nadie preocupaba,
A mi una extravagante impresión me ocasionaba
Una inmensa sensación de libertad me dejaba
No olvidaré jamas esa ambigua mañana,
El ruido de los animales que se confrontaban,
Y esa dulce brisa que mis lágrimas secaba,
Queriéndome consolar mi rostro lo acariciaba.
Paquita
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